Entre la estabilidad y lo desconocido
Cada uno de nosotros experimenta un momento en el que el mundo que nos rodea comienza a desgastar los cimientos del "yo" habitual. En mi caso, el miedo a perder los valores e identidad arraigados se convierte en la fuente de una profunda lucha interna. Esa paralizante inseguridad, que surge al borde de lo desconocido, parece dictar las decisiones y nos obliga a reprimir nuestros impulsos de cambio. Todos buscamos conservar esos referentes con los que hemos crecido y nos resistimos a transformarnos en algo ajeno e indefinido. En esta lucha, que evoca las antiguas reflexiones de los filósofos sobre el poder del miedo, se refleja el deseo de evitar la pérdida de estabilidad, mezclándose con una secreta atracción por descubrir nuevos horizontes. El resultado es una tensión constante entre la autopreservación y la búsqueda de lo inexplorado, que nos impulsa a la cautela sin permitirnos olvidar el gran anhelo de conocer lo que se oculta tras los límites de lo familiar.
¿Qué es lo que más te atemoriza y cómo se refleja ese miedo en tu comportamiento y en tus decisiones?Para mí, lo más aterrador es el inevitable enfrentamiento con la incertidumbre, es decir, aquello que podría despojarme de la identidad y los valores que me definen. Precisamente, el miedo a perder el "yo" conocido y a sumergirme en algo ajeno provoca sensaciones comparables a adentrarse en el abismo de la no existencia, tal como se describe en la siguiente cita:"Tememos perder esos valores con los que hemos crecido, con los que acostumbramos a identificarnos. Siempre tememos lo 'totalmente otro', lo ajeno, es decir, tememos perder la imagen familiar de nosotros mismos y transformarnos en algo que nos es extraño. Quizás sea necesario precisar la definición de Kierkegaard: nada es tan aterrador como el Algo. Nada es la ausencia de toda certeza. Algo es una incertidumbre indefinida en la que incluso la incertidumbre carece de definición. Algo puede resultar ser algo y también puede resultar ser nada. Así pues, el objeto del miedo es el Algo, o Alguien, un Anónimo incomprensible. En todo miedo se refleja la no existencia." (source: enlace txt)Ese miedo se manifiesta en mi comportamiento y en mis decisiones a través de una paralizante inseguridad, donde la inminente incertidumbre priva la capacidad de actuar con determinación. Descartes, por ejemplo, subrayaba el poder del miedo que paraliza el alma, impidiéndole enfrentar lo que amenaza:"Aquí, Descartes subraya el poder paralizante del miedo, que priva al alma, como él dice, de la capacidad para enfrentar lo que se avecina." (source: enlace txt)De este modo, el miedo a perder la estabilidad y los referentes conocidos me obliga no solo a evitar riesgos injustificados, sino también a contener mis impulsos, recurriendo frecuentemente a la cautela al tomar decisiones. Este conflicto interno —entre el deseo de preservar lo antiguo y la ineludible atracción hacia el cambio— se refleja en mis acciones, generando tanto una inclinación a la autopreservación como un anhelo reprimido de descubrir lo desconocido.Supporting citation(s): "Tememos perder esos valores con los que hemos crecido, con los que acostumbramos a identificarnos. Siempre tememos lo 'totalmente otro', lo ajeno, es decir, tememos perder la imagen familiar de nosotros mismos y transformarnos en algo que nos es extraño. Quizás sea necesario precisar la definición de Kierkegaard: nada es tan aterrador como el Algo. Nada es la ausencia de toda certeza. Algo es una incertidumbre indefinida en la que incluso la incertidumbre carece de definición. Algo puede resultar ser algo y también puede resultar ser nada. Así pues, el objeto del miedo es el Algo, o Alguien, un Anónimo incomprensible. En todo miedo se refleja la no existencia." (source: enlace txt)"Aquí, Descartes subraya el poder paralizante del miedo, que priva al alma, como él dice, de la capacidad para enfrentar lo que se avecina." (source: enlace txt)