El Don de la Libertad: Entre Amor y Riesgo

En el fundamento de la gran drama, representada desde la creación del hombre, se encuentra una única pero, a su manera, contradictoria verdad: la libertad. Es precisamente el don del libre albedrío, otorgado por Dios desde la profundidad de un amor infinito y el deseo de brindarle al hombre la oportunidad de comunicarse verdaderamente con el Creador, lo que se convirtió en el punto de partida para todas las pruebas de la humanidad. En esta historia no solo hay alegría e inspiración derivadas de una relación estrecha con Dios, sino también el inevitable riesgo de una elección que puede llevar al distanciamiento de Él.

Cuando el Creador formó al hombre a Su imagen y semejanza, depositó en cada alma las semillas de la elección. Estas semillas nos permiten tomar decisiones que definen nuestro camino espiritual: permanecer cerca de la fuente de amor inagotable o permitir que la tentación nos desvíe hacia la desconexión. Tal libertad no solo nos brinda la posibilidad de conocer los verdaderos valores, sino que también desafía nuestra aspiración a la perfección.

Ese riesgo es inevitable en el camino hacia el desarrollo de la personalidad y la madurez espiritual. Y aunque la posibilidad de equivocarse asusta, es precisamente esa elección la que nos forja y nos hace apreciar los momentos de sincera intimidad con Dios, cuando comprendemos que el amor requiere un trabajo y atención constantes. En última instancia, el libre albedrío sigue siendo el don más grandioso, permitiéndonos a cada uno, a través de nuestra propia experiencia, entender que el verdadero amor y la comunicación con lo Supremo exigen no solo un deseo apasionado, sino también el coraje de transitar por el camino de la sinceridad y la conciencia.


¿Cómo se puede interpretar la idea de que la creación de los seres humanos podría considerarse como un pecado de Dios?


Esta idea puede interpretarse de la siguiente manera: aunque Dios creó al hombre por amor y con el deseo de brindar la posibilidad de una verdadera comunión y amor hacia Él, el don del libre albedrío significaba que el hombre podía elegir el camino de la desobediencia. Así, al conceder la libertad al hombre, Dios expuso el riesgo de que la humanidad se alejara de Él y cayera en el pecado. Este momento de riesgo, asociado con la creación “a imagen y semejanza” del Creador, a veces se percibe como una condición incondicional establecida desde el principio, que finalmente conduce a la caída. En otras palabras, crear seres libres les otorgaba la posibilidad de elegir entre el amor divino y la tentación de rechazar a Dios, y es precisamente esa elección la que se convierte en el punto de partida para el desarrollo del pecado.

Supporting citation(s):
"Según el arzobispo Sofronio, al crear al hombre libre, Dios, en cierto sentido, se expuso a un riesgo: crear algo siempre es una empresa arriesgada, y la creación del hombre a Su imagen y semejanza implicaba un cierto grado de riesgo..." (source: enlace txt)

El Don de la Libertad: Entre Amor y Riesgo

¿Cómo se puede interpretar la idea de que la creación de los seres humanos podría considerarse como un pecado de Dios?

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