Dualidad y crecimiento espiritual

La fe cristiana no es una simple división del mundo en luz y oscuridad, sino un profundo reconocimiento de la lucha interna entre las elevadas aspiraciones del alma y sus sombras ilusorias. En la cosmovisión ortodoxa, un verdadero discípulo de Cristo no reduce toda la realidad divina únicamente a Jesús, rechazando todo lo que pueda parecer indigno. Al contrario, el verdadero creyente comprende la irracionalidad de un pensamiento unilateral y reconoce que en el hombre coexisten el anhelo de vivir según los mandamientos y las debilidades provocadas por las tentaciones.

En el fundamento de esta concepción reside la idea de la doble naturaleza, en la que el alma humana porta simultáneamente la imagen de Dios y la impronta de la naturaleza caída. Aquí hay una dinámica constante: por un lado, el deseo de santidad, y por otro, la eterna lucha contra los demonios internos. Esta visión permite ver las tentaciones no como un mal externo, sino como una parte inherente de la experiencia humana que debemos reconocer, aceptar y superar a la luz de la gracia divina.

Esta filosofía nos invita a vivir basándonos en valores verdaderos, de modo que cada manifestación del alma, cada emoción y deseo no se convierta en una fuente de división, sino al contrario, en un medio para el crecimiento espiritual y el autoconocimiento. Solo mediante el sincero reconocimiento de nuestra doble naturaleza podemos alcanzar la verdadera unión con Dios, donde la luz y la oscuridad no se oponen, sino que se integran en un cuadro complejo pero armonioso de la vida.

¿Se puede llamar a una persona un verdadero cristiano si cree que todo, excepto Jesús, proviene de una fuente indigno, quizá incluso diabólica?


La respuesta se puede formular de la siguiente manera. El verdadero cristiano no limita toda la realidad divina a una visión reduccionista en la que de todo, salvo de Jesús, surge algo indigno o incluso diabólico. Según la enseñanza ortodoxa, por un lado estamos llamados a vivir según los mandamientos de Cristo, y por otro, luchamos contra el pecado y contra la influencia del mal que penetra en nuestros corazones. Una de las fuentes ilustra claramente la doble naturaleza del ser humano:

"Es decir, aparentemente, por un lado somos discípulos de Cristo, y por otro, nuestro padre es el diablo. Porque todos queremos cumplir nuestros deseos, y estos, dado que somos pecadores, a menudo provienen del diablo. Y se produce una lucha dentro de cada persona entre la fe, entre los mandamientos de Cristo, y el yo envejecido que llevamos dentro. Por eso, resulta que en parte pertenecemos a Dios y en parte al diablo." (source: enlace txt, page: 959)

Además, otra fuente advierte:

"Tus palabras queman y atormentan. Tus palabras torturan la conciencia, porque esta conoce la verdad, pero no desea enfrentarla a la luz y teme escucharla. Y decimos: o eres cristiano y vives según Dios, o tu padre es el diablo y vives en la mentira. No hay otra opción. La luz por su naturaleza no puede mezclarse con la oscuridad... Tomemos la suciedad más inmunda y el lienzo más limpio y blanco e intentemos mezclarlos. ¿Qué obtendremos? Obtendremos un trapo sucio." (source: enlace txt, page: 973)

Aquí se enfatiza que la autenticidad de la vida cristiana se manifiesta en la elección de vivir conforme a la verdad y en un profundo respeto por todo lo que recuerda a Dios, en lugar de inclinarse excesivamente hacia la separación absoluta de todo, salvo de Jesús, como algo diabólico.

Así, si una persona cree que todo, excepto a Jesús, procede de una fuente indigno o diabólica, pierde de vista un aspecto esencial de la fe cristiana: la comprensión de la doble naturaleza del mundo creado por Dios y la constante lucha del hombre contra las tentaciones. El verdadero cristiano se esfuerza por vivir a la luz de la gracia divina, percibiendo todo lo relacionado con lo divino como un medio para la elevación del alma, en lugar de simplemente rechazarlo como impuro. Esta es una visión más equilibrada que refleja la lucha interna entre la luz y la oscuridad, reconocida en la comprensión ortodoxa de la fe.

Dualidad y crecimiento espiritual

¿Se puede llamar a una persona un verdadero cristiano si cree que todo, excepto Jesús, proviene de una fuente indigno, quizá incluso diabólica?