Entre el Querer y el No Querer: Un Diálogo Interno
Al sumergirnos en el sutil mundo de los deseos, nos damos cuenta de que nuestro sentimiento de "quiero" no se limita a un simple anhelo, sino que representa un profundo impulso por afirmar nuestra esencia a través de la experiencia y el placer. No es simplemente el deseo de obtener algo, sino un intento de llenar la vida de plenitud, donde cada emoción desempeña un papel crucial. Sin embargo, si la intensidad de este impulso resulta insuficiente, el deseo se transforma en un estado de rechazo – en "no quiero". En este diálogo interno, comparamos constantemente nuestras ambiciones con la realidad, donde el ideal del placer y la temporalidad de las experiencias se enfrentan, provocando una discrepancia entre lo que soñamos y lo que tenemos. Es precisamente esta tensión la que determina si nos mantenemos en un impulso activo o caemos en la pasividad. En última instancia, la línea entre el deseo y su ausencia es el resultado de nuestro diálogo interno, donde el anhelo hacia lo eterno y lo absoluto se reevalúa constantemente a la luz de limitaciones reales. Este proceso, dinámico por naturaleza, demuestra la profundidad de nuestro impulso de autoexpresión y muestra cómo matices casi imperceptibles del deseo moldean nuestra percepción de la vida.
¿Cómo se define la línea entre "quiero" y "no quiero", y qué forma nuestra comprensión de esa frontera?Nuestra comprensión de la frontera entre "quiero" y "no quiero" no se determina simplemente por la presencia o ausencia del deseo, sino por la calidad y plenitud del propio querer. Por un lado, cuando experimentamos el deseo, no se trata únicamente de anhelar obtener algo, sino de intentar afirmarnos a través del placer o estado anhelado. Sin embargo, si ese deseo carece de la intensidad necesaria, si es insuficiente o resulta imperfecto en su intento de capturar la plenitud, automáticamente se transforma en "no quiero". Como escribió el autor:«"No quiero disfrutar" significa — "quiero, pero quiero lo suficiente". Es natural que en el segundo caso no siempre se reconozca el propio querer; pues este siempre está presente: de otro modo, ni siquiera pensaríamos en el disfrute. Al anhelar algún placer concreto, intento afirmarme precisamente en él. Pero sé que es temporal; y por eso "me gustaría" (es decir, no quiero lo suficiente) para que siempre forme parte de mí...»(source: enlace txt)Así, la línea se forma a través de la tensión interna entre la plenitud del impulso y su imperfección. Si el deseo se orienta hacia algo eterno o absoluto y la realidad resulta ser finita y limitada, la tensión se transforma en una percepción negativa – en "no quiero". Esta dinámica demuestra que nuestra comprensión de la frontera se configura por el choque entre el ideal (el deseo en su ideal plena expresión) y una realidad en la que lo deseado solo se manifiesta parcialmente.En resumen, la frontera entre "quiero" y "no quiero" no es una línea definida, sino el resultado de un diálogo interno en el que el deseo se evalúa constantemente conforme a nuestras ambiciones y expectativas. La exclusividad o insuficiencia del deseo, en relación con nuestras concepciones de la plenitud del placer o el sentido del ser, determina si el sentimiento de actividad y anhelo se transforma en un estado de rechazo o de pasividad.