El rostro dual del miedo

De acuerdo con los datos presentados, el miedo influye de manera significativa en la mentalidad, determinando nuestra actitud hacia el riesgo, el peligro y la autorrealización. El miedo puede cumplir una función dual: por un lado, nos limita al teñir la percepción de situaciones peligrosas de tal manera que se genera una sensación de desesperanza o incluso parálisis, y por otro, el propio sentimiento de miedo puede favorecer la movilización de recursos internos, impulsándonos a "arriesgarnos" y, de esta forma, a desarrollar una confianza creativa y el deseo de superarnos.

Por ejemplo, en una de las fuentes se afirma:
"El miedo realmente colorea y determina toda la mentalidad, nos sitúa en una relación determinada con el objeto, y le da un valor. Como resultado, ya sea que 'retrocedamos' ante él, experimentando depresión en cierta medida, o, al sentir miedo, 'arriesgarnos' y lanzarnos hacia el peligro. La nueva comprensión del miedo, planteada por primera vez por St. Hall, encuentra plena confirmación en lo que observamos en los niños durante la primera infancia: el niño, experimentando sentimientos 'espeluznantes', tan claramente reflejados en su rostro, al mismo tiempo mira con curiosidad e interés aquello que le provoca miedo. Todo lo misterioso atrae a los niños: en sus rostros se refleja claramente la tensión, y al mismo tiempo, lo prohibido y peligroso los atrae: les da miedo y, a la vez, les resulta agradable. Es a través de este proceso que en los niños se desarrolla la valentía, la confianza creativa en sí mismos y los impulsos heroicos..." (fuente: enlace txt, página: 283).

Esta afirmación subraya que el miedo no es un estado exclusivamente negativo: puede tanto limitarnos, alejándonos de acciones arriesgadas, como motivarnos a superar barreras y temores internos, favoreciendo la autorrealización.

Además, otra fuente señala:
"En lo que respecta al miedo, a veces paraliza y, en otras ocasiones, por el contrario, estimula, emociona. A veces impide acercarse y exponerse al peligro, y en otras ocasiones, en cambio, dota de fuerzas a las personas dominadas por el miedo." (fuente: enlace txt).

Así, la influencia del miedo en la mentalidad resulta ambivalente: puede actuar como un factor limitante, llevando a evitar el riesgo y a la autoconservación, pero también es capaz de estimular, si la persona percibe el riesgo como una oportunidad para crecer y expresarse. En última instancia, es precisamente la forma en que se percibe y valora el peligro la que determina las acciones que la persona llevará a cabo: evitando el riesgo o, por el contrario, recurriendo a él con el objetivo de autorrealizarse.

Citas de apoyo:
"El miedo realmente colorea y determina toda la mentalidad, nos sitúa en una relación determinada con el objeto, y le da un valor. Como resultado, ya sea que 'retrocedamos' ante él, experimentando depresión en cierta medida, o, al sentir miedo, 'arriesgarnos' y lanzarnos hacia el peligro..." (fuente: enlace txt, página: 283).

"En lo que respecta al miedo, a veces paraliza y, en otras ocasiones, por el contrario, estimula, emociona. A veces impide acercarse y exponerse al peligro, y en otras ocasiones, en cambio, dota de fuerzas a las personas dominadas por el miedo." (fuente: enlace txt).

El rostro dual del miedo

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