La Armonía Perfecta: Jesús y Buda a través de la Proporción Áurea
Considerar la idealidad de Jesús y Buda a través de la lente de la proporción áurea se puede abordar en el marco de una investigación interdisciplinaria, donde métodos estéticos, matemáticos y antropométricos ayudan a revelar los principios universales de armonía y proporcionalidad. En particular, este enfoque implica el análisis de las imágenes desde el punto de vista de sus proporciones ideales y simetría, las mismas características que en geometría se demuestran a través de la división áurea.Por ejemplo, G.Е. Timerding, al describir el dodecaedro, señala que «todo el dodecaedro está literalmente impregnado del principio de la división áurea» (fuente: enlace txt, página: 52). Tal modelo geométrico es uno de los ejemplos de cómo las leyes matemáticas, expresadas mediante la proporción áurea, confieren a las figuras una perfección estética. Si trasladamos esta idea al estudio de las imágenes de Jesús y Buda, podemos suponer que las representaciones clásicas de estas personalidades también podrían haber sido creadas teniendo en cuenta los principios de armonía proporcional e idealidad.Además, el análisis de las cualidades estéticas se fundamenta en la idea de que «lo bello no es simplemente lo ideal dado de manera abstracta. El mismo término indica que algo se asemeja a otra cosa, es decir, en la propia cosa deben existir dos facetas: una para la cual se proporciona una semejanza, y otra que se utiliza para la comparación. La idealidad, es decir, la belleza, consiste en que ambas facetas del objeto son completamente semejantes entre sí» (fuente: enlace txt). Este razonamiento permite considerar las imágenes de Jesús y Buda no solo como símbolos religiosos o espirituales, sino también como encarnaciones de una armonía matemáticamente definida, donde las proporciones, análogas a la proporción áurea, contribuyen a la creación de una imagen estéticamente perfecta.Por lo tanto, en un contexto científico se puede concebir la idealidad de Jesús y Buda como resultado de la aplicación de leyes universales de belleza y proporciones, en donde la armonía matemática (manifestada, por ejemplo, en las formas del dodecaedro) sirve de modelo para explicar sus características antropométricas y estéticas ideales.Citas de apoyo:«En lo que respecta al dodecaedro, el cual, según el mismo Platón, se asemeja a una esfera, se puede plantear la cuestión de la relación entre el lado del pentágono y el diámetro de la esfera en la que está inscrito. Según G.Е. Timerding, esta relación precisamente evidencia la presencia de la división áurea. En otras palabras, todo el dodecaedro está literalmente impregnado del principio de la división áurea.» (fuente: enlace txt, página: 52)«Lo bello no es simplemente lo ideal dado de manera abstracta. El mismo término indica que algo se asemeja a otra cosa, es decir, en la propia cosa deben existir dos facetas: una para la cual se proporciona una semejanza, y otra que se utiliza para la comparación. La idealidad, es decir, la belleza, consiste en que ambas facetas del objeto son completamente semejantes entre sí.» (fuente: enlace txt)