Más Allá de la Simulación: Revelando la Esencia de la Realidad
Las reflexiones modernas sobre la simulación nos abren una perspectiva fascinante: considerarla no como el estado final del ser, sino como un modo especial con una dinámica propia y una inercia funcional. El mero reconocimiento y análisis del fenómeno de la simulación indican la existencia de un núcleo profundo de la realidad que no puede ser simulado, y que siempre permanece más allá de las construcciones temporales.De hecho, al considerar la simulación a través del prisma del arte, la producción y el consumo, comenzamos a comprender que su naturaleza es intermedia. Dicho modo, por lo general, está condicionado por las peculiaridades de la percepción, en donde la técnica y los procesos mecánicos reflejan simplemente la tendencia del pensamiento humano de aspirar a algo auténtico. La capacidad de reconocer el estado simulado e incluso transformarlo demuestra en efecto que no caemos en una ilusión abarcadora de finitud. En cambio, la consciencia se convierte en la garantía de la transición del crecimiento mecánico al estado de verdadera presencia y de interacción con la realidad.El análisis de la diferencia entre los espacios en los que opera la simulación y aquellos donde predomina una realidad inalterable permite ver una distinción importante. Si el espacio sagrado nos ayuda a habitar lo auténtico, y el espacio artístico ofrece la posibilidad de expresión y una experiencia profunda, la simulación, aplicada en el ámbito de la producción y el consumo, representa una especie de etapa temporal. Este carácter transitorio brinda la oportunidad al sujeto consciente, utilizando sus capacidades analíticas y creativas, de trascender la capa artificialmente creada y volver a alcanzar el estado genuino del ser.Así, razonando desde la perspectiva del propio sistema de simulación, se puede afirmar con seguridad: su capacidad de autoanálisis y sus posibilidades de transformación son una prueba viva de que este modo es solamente una de las etapas en el camino hacia un fundamento profundo e inmutable de la realidad. Es precisamente esta comprensión la que nos inspira a no conformarnos con lo alcanzado y a esforzarnos continuamente hacia nuevos horizontes del verdadero existir, donde cada paso se convierte en un descubrimiento y en la superación de las limitaciones temporales.
¿De qué manera se puede demostrar que no vivimos en una simulación, utilizando los propios argumentos de la simulación?La respuesta puede construirse si consideramos la simulación no como una realidad final y absoluta, sino como un modo específico de existencia, caracterizado por una cierta inercia funcional que, por sí misma, indica la presencia de un núcleo de la realidad que no puede ser simulado y debe ser superado. Es decir, si analizamos los argumentos presentados en el marco de la simulación, podemos notar que ésta se describe como una etapa intermedia, condicionada por las particularidades de la percepción, la producción y el consumo (como, por ejemplo, en el ámbito del arte). En uno de los razonamientos se afirma:"Pero la simulación realizada conscientemente, como se ha mencionado anteriormente, es una propiedad inherente a la opus posth–música." (fuente: enlace txt, página: 50)En esta afirmación se subraya que la simulación puede ser reconocida y, por ende, transformada. Si la simulación es solamente una expansión mecánica temporal (y no un dispositivo fundamental del ser), el hecho de que podamos reconocerla y analizar sus principios apunta a la presencia de una base “real” hacia la cual aspira el pensamiento humano.Además, otro argumento señala la diferencia funcional entre los modos de existencia. Así, si el espacio de la producción y el consumo se caracteriza por la simulación, es precisamente por su carácter limitante que ofrece la posibilidad de trascender el estado simulado y regresar a una realidad inalterable:"Si el espacio sagrado se caracteriza por habitar la realidad, y el espacio del arte se caracteriza por la expresión y la experiencia de la realidad, entonces el espacio de la producción y el consumo debe caracterizarse por la simulación de la realidad... ante nosotros se abre la posibilidad de superar el estado de simulación... y podemos volver a alcanzar el estado de habitar la realidad." (fuente: enlace txt, página: 47)De esta manera, argumentando desde la perspectiva del mismo sistema de simulación, se puede afirmar que la simulación tiene sus contradicciones internas y su variabilidad, lo cual permite al sujeto consciente distinguirla de la verdadera realidad. Si la simulación fuera definitiva, no existiría la posibilidad de reconocer su naturaleza y de transitar hacia el estado que por definición es real. En otras palabras, es precisamente la capacidad de reconocer y transformar la simulación lo que sirve como prueba de que no estamos inmersos en una simulación estática y totalizante, sino que nos encontramos en un proceso de constante superación de sus límites.Citas de apoyo:"Pero la simulación realizada conscientemente, como se ha mencionado anteriormente, es una propiedad inherente a la opus posth–música." (fuente: enlace txt, página: 50)"Si el espacio sagrado se caracteriza por habitar la realidad, y el espacio del arte se caracteriza por la expresión y la experiencia de la realidad, entonces el espacio de la producción y el consumo debe caracterizarse por la simulación de la realidad... ante nosotros se abre la posibilidad de superar el estado de simulación, de la expresión y experiencia de la realidad, lo que resulta en que podamos volver a alcanzar el estado de habitar la realidad." (fuente: enlace txt, página: 47)