La Esencia de la Fe Personal: Claridad en la Relación con Dios
La ausencia de una idea clara de lo que se entiende exactamente por “Dios” como ser personal afecta profundamente la calidad y el contenido de la práctica de la oración. Si una persona no tiene nociones firmes acerca de a quién se dirige en su oración, su experiencia religiosa interna permanece indefinida y abstracta, reduciéndose únicamente a la sensación de algún ámbito impersonal que se puede llamar “lo divino”. A su vez, es precisamente la fe en Dios como ser personal la que garantiza un auténtico sentimiento de apoyo, seguridad y conexión, reflejado en la oración sincera y una vida religiosa plena.Así, como se señala en una de las fuentes, la principal diferencia entre la fe y la incredulidad radica en si creemos de forma inequívoca y con total certeza en la existencia de un Dios personal o no. El autor escribe:"Me dirán: incluso si todo esto es así, en el mejor de los casos la experiencia religiosa interna, tal como intenté describirla, solo nos permite sentir o percibir alguna esfera indefinida e impersonal del ser – algo que se podría llamar 'lo divino', 'lo sagrado', 'lo otro', 'el mundo superior' – pero no nos proporciona un conocimiento claro y sólido de la existencia de aquella realidad completamente definida a la que llamamos Dios en el sentido de Dios personal. Y aún así, la principal, radical diferencia entre la fe y la incredulidad se reduce a si creemos de forma inequívoca y con total certeza en la existencia de un Dios personal o no. Sin la fe en Dios como ser personal, no hay oración, no hay vida religiosa, no hay la alegre sensación de seguridad en nuestras vidas bajo la protección de un 'Padre Celestial' amoroso, benévolo y todopoderoso." (fuente: enlace txt)Así, cuando las personas oran a aquello en lo que no están seguras, su oración se transforma en una formalidad: la pronunciación ritual de palabras, sin el profundo sentimiento de una comunicación personal con Dios. Esto puede llevar a la falta de seguridad interna, sinceridad y, como consecuencia, a la pérdida del apoyo vital que la fe religiosa es capaz de proporcionar al reconocer a Dios como un Padre amoroso y cercano. Además, la falta de claridad en la comprensión del objeto de la fe puede sumir a la persona en la duda, ya que si el objeto de la oración no tiene para ella una existencia real, personal y definida, toda la vida religiosa corre el riesgo de reducirse únicamente a una afirmación intelectual sobre la idea de Dios, en lugar de a una auténtica comunión espiritual.(cita(s) de soporte)"Me dirán: incluso si todo esto es así, en el mejor de los casos la experiencia religiosa interna, tal como intenté describirla, solo nos permite sentir o percibir alguna esfera indefinida e impersonal del ser – algo que se podría llamar 'lo divino', 'lo sagrado', 'lo otro', 'el mundo superior' – pero no nos proporciona un conocimiento claro y sólido de la existencia de aquella realidad completamente definida a la que llamamos Dios en el sentido de Dios personal. Y aún así, la principal, radical diferencia entre la fe y la incredulidad se reduce a si creemos de forma inequívoca y con total certeza en la existencia de un Dios personal o no. Sin la fe en Dios como ser personal, no hay oración, no hay vida religiosa, no hay la alegre sensación de seguridad en nuestras vidas bajo la protección de un 'Padre Celestial' amoroso, benévolo y todopoderoso." (fuente: enlace txt)La ausencia de una comprensión clara del concepto de Dios priva a la práctica de la fe de un contenido fundamental: la comunicación auténtica y viva con un Dios personal, sobre la cual descansan la alegría, la seguridad y la plenitud de la vida religiosa.