El Cuidado en la Transmisión de Secretos Espirituales
La expresión “arrojar perlas a los cerdos” en el contexto espiritual y religioso debe entenderse como una advertencia de no ofrecer verdades sagradas o misterios elevados a personas que no son capaces de recibirlos con la debida reverencia y pureza moral. Es decir, esta imagen advierte que las profundidades espirituales y místicas de la doctrina no deben ser entregadas a aquellos cuya alma está sumida en pasiones bajas e impureza, ya que pueden no solo no apreciar, sino también profanar estas verdades sagradas.Por ejemplo, según una de las fuentes:«“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, para que no las pisoteen” (Mt 7:6). El Señor Jesucristo, en un discurso alegórico, indica a sus discípulos que no deben ofrecer las elevadas verdades evangélicas a personas moralmente depravadas, malvadas y que se oponen descaradamente a la verdad. Podrían caer en la calumnia y ofender el nombre de Dios.» (fuente: enlace txt)Esto significa que, si nos regimos por principios espirituales, la transmisión de misterios divinos o doctrinas profundas a quienes no están preparados para recibirlos puede conducir a una distorsión del sentido e incluso a un peligro espiritual para el propio predicador. Una visión similar se refleja en otra fuente, donde se presenta la siguiente interpretación:«
¿Qué quiere decirnos Jesús con estas palabras?Existe la opinión de que se alude a la inadmisibilidad de iniciar a extraños en los misterios de aquellos “sectores” de la doctrina cristiana que alguna vez se denominó disciplina arcana, es decir, “enseñanza oculta”. Ante todo, esto hacía referencia a los sacramentos, en los cuales no debían participar aquellos que no estuvieran iniciados...» (fuente: enlace txt)Así, la metáfora indica que las verdades espirituales deben transmitirse considerando la madurez espiritual y la disposición del oyente. De lo contrario, lo sagrado puede ser fácilmente profanado o malinterpretado, lo que conduce tanto a la devaluación de la verdadera enseñanza como a consecuencias negativas para el predicador y la comunidad. Esta advertencia no es tanto acerca de ocultar la verdad, sino de la necesidad de un trato sensato y cuidadoso de los conocimientos sagrados, transmitiéndolos únicamente a quienes son capaces de percibirlos con el debido respeto y apertura moral.