El poder interno en la construcción de la realidad
Nuestro estado interior es una herramienta poderosa que no solo nos permite percibir los hechos del mundo que nos rodea, sino que también nos capacita para crear activamente nuestra propia realidad. En la base de este proceso se encuentra el trabajo activo de la psique: las experiencias emocionales, la educación y las convicciones personales configuran una estructura única de percepción, gracias a la cual los estímulos externos adquieren un determinado matiz de significado. Por ello, al estar bajo la influencia de emociones intensas o pensamientos tensos, podemos incluso pasar por alto lo que sucede a nuestro alrededor, ya que toda la atención se dirige al mundo interior.Este dinámico trabajo de la mente se hace especialmente evidente en momentos de crisis, cuando las contradicciones internas y las heridas emocionales dan lugar a la construcción de imágenes distorsionadas, a veces incluso ilusorias, de quienes nos rodean. En esos períodos, las señales negativas pueden convertirse en proyecciones de amenaza y hostilidad, dotando a los demás de características e intenciones inexistentes.El reconocimiento de cómo nuestro mundo interior influye en la percepción de la realidad se convierte en la clave para el crecimiento personal y la interacción armónica con el entorno. Comprender nuestras reacciones emocionales y estructurar nuestro estado interno no solo ayuda a evitar imágenes distorsionadas, sino que también enseña a ver el mundo de manera más objetiva, transformando los desafíos en oportunidades para el auto-mejoramiento.
¿Cómo influye el estado mental en nuestra percepción del mundo al formar imágenes de enemigos y provocadores?Nuestro estado mental juega un papel clave en la manera en que “construimos” el mundo que nos rodea. Esto se basa no en una simple reflexión pasiva de los estímulos externos, sino en un trabajo activo de la psique mediante el cual la persona organiza e interpreta la información recibida. Así, por ejemplo, una de las fuentes destaca que “El ser humano percibe el mundo no de manera aleatoria, sino de forma estructurada, es decir, los impactos del entorno se asignan a canales específicos, a lugares de organización corporal. Él construye activamente la imagen del mundo. Por ello, la imagen del mundo en nuestra conciencia no es un reflejo de la realidad… sino que se construye activamente, y de manera muy intensa, dependiendo de cómo haya sido educado, de cuál sea su actitud…” (source: enlace txt). Este pasaje demuestra claramente que nuestro estado mental —que incluye las experiencias emocionales, la educación y las convicciones personales— determina la forma en que procesamos los datos sensoriales y cómo surgen determinadas imágenes.En otro fragmento se analiza cómo la concentración en las experiencias internas influye en la percepción del mundo exterior: cuando una persona está sumida en un estado emocional intenso o en un pensamiento tenso, puede “no ver ni oír lo que le rodea”, ya que su atención se concentra en lo interior y no en la percepción objetiva (source: enlace txt). Esto indica que, en momentos de intensa carga emocional o mental, nuestra percepción puede distorsionarse, permitiendo que las estructuras internas llenen los vacíos de información, a veces formando imágenes negativas o incluso delirantes de la realidad circundante.Esto se manifiesta de forma especialmente clara cuando las contradicciones internas o los problemas emocionales configuran en la persona imágenes persistentes de enemigos y provocadores. Así, en uno de los textos se habla de un personaje que, bajo la influencia de un “hipnosis aterradora y abrumadora”, comenzó a manifestar no tanto una experiencia real, sino “imágenes delirantes de provocadores”. Estas imágenes, surgidas como proyección de la agitación interna y de vivencias dolorosas, permiten a la persona percibir el mundo a través de un prisma distorsionado, en el que cada señal negativa se interpreta como una amenaza o una acción hostil (source: enlace txt).Así, el estado mental —definido tanto por problemas emocionales como por la experiencia e inclinaciones individuales— es capaz de cambiar radicalmente la percepción del mundo. No solo filtra la información recibida, sino que también construye activamente una imagen del mundo en la que enemigos y provocadores pueden ocupar pautas exageradamente negativas o incluso ilusorias.Supporting citation(s):"El ser humano percibe el mundo no de manera aleatoria, sino de forma estructurada, es decir, los impactos del entorno se asignan a canales específicos, a lugares de organización corporal. Él construye activamente la imagen del mundo... dependiendo de cómo haya sido educado, de cuál sea su actitud..." (source: enlace txt)"Pero aquí no se trata de traición, ni de huida, sino de una hipnosis aterradora y abrumadora: salió del círculo de ayuda, y los enemigos aún triunfan sobre él... Este 'enemigo' se manifiesta en imágenes delirantes de provocadores..." (source: enlace txt)